La ciudad se ha convertido en el paisaje humanizado más espectacular, donde la acción del hombre alcanza su máxima intensidad aún en aspectos no visibles, como la composición del aire y el propio clima. En otros órdenes más perceptibles, como los ruidos, acumulación de residuos, aglomeraciones, consumo desmesurado de recursos no renovables, todo ello de gran repercusión ecológica sobre el entorno y sus habitantes.
La población mundial alcanzó este año los seis mil millones de habitantes y se espera que ésta cifra se sitúe entre 8.000 y 12.000 millones para el año 2050. Actualmente el 80% de la población de la UE vive en ciudades y las tendencias demográficas a nivel global indican que la presión en las zonas urbanas va a seguir aumentando. El modelo imperante de crecimiento urbano es, a todas luces, insostenible: la población de las modernas ciudades tiene unas exigencias desmesuradas, y crecientes, de agua, energía, recursos, etc. lo cual genera un deterioro ambiental que trasciende los niveles locales y adquiere una responsabilidad clara en los problemas de contaminación, cambio climático y agotamiento de recursos energéticos.
La búsqueda de un desarrollo sostenible también en el ámbito urbano ha llevado a los gobiernos y organizaciones de todo el mundo a esforzarse, al menos sobre el papel, en el diseño de estrategias que aseguren la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos siguiendo criterios de ahorro, conservación de recursos y respeto al entorno. Este nuevo modelo de ciudad sostenible se apoya en disciplinas como la arquitectura bioclimática, el desarrollo de energías renovables, tecnologías limpias, usos racionales del suelo y del agua, gestión de residuos y reciclado de materiales.